Tatiana Bilbao y su arquitectura social


La arquitecta mexicana hace frente al déficit nacional de vivienda y propone una solución que se exhibió en la Bienal de Arquitectura de Chicago: una casa que mide 63,35 metros cuadrados y cuesta 120 mil pesos

“Sigo creyendo en la idea romántica de que la arquitectura puede generar valor, principalmente para la sociedad.”

Por Arturo Emilio Escobar

En un país con 120 millones de habitantes, donde la población crece y crece sin una estrategia de sostenibilidad, el tema de la arquitectura social –y en específico el desarrollo de vivienda popular– nos deja con muchas preguntas, más allá de las respuestas que –con torpeza en su ejecución– nos venden las desarrolladoras de “cajas-casa” que nos instan a vivir en un gueto.

Ante nuestra realidad: 53 millones de mexicanos que viven en pobreza (según un estudio de Oxfam, elaborado por el economista Gerardo Esquivel) existe un déficit de nueve millones de viviendas, situación que sin duda requiere del compromiso humanitario de los arquitectos de renombre –y también de los otros– para plantear soluciones más eficientes en conjunto con los gobiernos.

Tatiana Bilbao, ganadora del Premio Global de Arquitectura Sostenible (2014), es una arquitecta mexicana que se ha ocupado en proponer soluciones ante la urgente necesidad de vivienda alcanzable, por ello exhibió un prototipo de casa rural en la primera Bienal de Arquitectura de Chicago.

“Esta bienal hizo cuestionarnos qué es lo que está pasando en el mundo, y es evidente que deja atrás una época de arquitectura espectacular que respondía absolutamente a un mundo capitalista. La crisis y el acercamiento a las raíces de la arquitectura sin duda han transformado nuestro quehacer, y se vio en los proyectos expuestos”, dice la arquitecta Tatiana Bilbao.

Los curadores de esa muestra eligieron uno de sus proyectos: un prototipo de vivienda que desarrolló para un programa social que existe en el país desde hace mucho tiempo, donde hay 100 o más esquemas y soluciones disponibles en el mercado. Para acceder a dicho programa hay requisitos: generar una casa de mínimo 43 metros cuadrados, que sea construida en un terreno propiedad del usuario, ya sea urbano, suburbano o rural.

Además, el modelo de vivienda debe estar calificado por la CONAVI para ser receptor de subsidios, y lo más importante: la casa tiene que costar en un tope máximo 156 mil pesos, pero lo que la gente puede pagar, en su mayoría, son 120 mil pesos.

“Una institución financiera nos pidió desarrollar este esquema para consolidar este modelo en el mercado, porque a las personas que califican el gobierno les otorga un subsidio entre 30 y 50 por ciento del costo total, y la otra parte la obtienen con el préstamo de esa empresa. Entonces, nos contrataron para estudiar los prototipos, pero confieso que cuando nos propusieron este proyecto, pensamos, si ya hay cientos de modelos ¿qué aportaríamos nosotros? Seguramente nada, porque es muy difícil el margen económico”.

Luego, Tatiana imaginó que podía generar un modelo que se pudiera expandir y, a largo plazo, disponer de más espacio. Así surgió una casa que se distribuye a partir de un núcleo rígido, donde se adaptan los espacios –sala, comedor, cocina, dos habitaciones y un baño–, que se completa con otra sección temporal de pallets de madera para que la obra pueda crecer: agregando otro cuarto, algo típico en la autoconstrucción del espacio doméstico en el país.

“Nos dimos cuenta que no era tan difícil mejorar lo que había, pero tuvimos ventajas: fuimos contratados por una financiera y somos un despacho que no se dedica a generar vivienda rural, por eso pudimos estirar la liga y hacer una casa más grande, de 63,35 metros cuadrados”, explica Bilbao.

“Yo creo que los arquitectos hemos volteado la cara a la vivienda, no me atrevo a decir que en el mundo entero porque no lo sé, pero, por ejemplo, en Estados Unidos es muy raro que los arquitectos desarrollen vivienda popular, porque este quehacer se ha vuelto absolutamente una operación financiera. Entre que nos apartaron y nos hicimos a un lado, también es culpa del gremio: los arquitectos no hemos hecho gran cosa porque es difícil, es un reto muy fuerte, hay mucho desgaste, pero hay que entrarle porque es vivienda”.

No obstante, ella considera que en este momento hay personas clave en el gobierno y algunos desarrolladores que entienden que los arquitectos sí pueden aportar valor a estos esquemas y al negocio de la vivienda. “Creo que ahora sí se alinearon las estrellas y está funcionando esta ecuación de tres: gobierno-desarrolladores-arquitectos”.

Aunque hay un pequeño margen de utilidades, en México urgen mejores obras de vivienda social, “y es una fortuna que en la oficina tengamos la capacidad de producir estos proyectos tan importantes, porque en ellos realmente podemos generar valor para la sociedad”.

Tatiana Bilbao y su equipo desarrollaron este prototipo a lo largo de dos años de trabajo, “no es un proyecto que nos salió a la primera, es un reto muy difícil, pero nos pusimos a la tarea de hacer una casa expandible”, menciona. “Hicimos mucho trabajo de campo, cerca de tres mil entrevistas donde entendimos, por ejemplo, que la gente quiere una casa que se vea totalmente acabada, no quieren techos planos porque es señal de fracaso, por eso hicimos una casa arquetípica”.

“No inventamos el hilo negro, es una casa arquetípica, y si preguntan ¿por qué nadie lo había hecho antes? No lo sé, yo sólo puse las piezas juntas.”

 

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Actualmente, su firma está construyendo 23 casas arquetípicas de block de concreto, y es importante destacar que el material y el color se adaptan a la cultura, a cada zona. “Es un solo modelo, pero no es lo mismo vivir en Chihuahua que en Chiapas, por muchas razones, por ejemplo en Chiapas no usan cocinas integrales, allá se construye un horno de leña fuera de la casa, así como un baño seco”.

Estas diferencias dieron como resultado un esquema modular: los espacios se distribuyen donde mejor se acomodan para la idiosincrasia del lugar. Lo mismo sucede con la selección de los materiales, “por eso en las zonas rurales de Chiapas construimos casas con adoblock, en la parte suburbana utilizamos panel y en Acuña, como hubo un tornado y los vientos son muy fuertes, la gente quiso block de concreto. A su vez, en Chicago la casa es de madera, porque allá usan wood framing. Nuestro prototipo realmente se adapta a cada sitio”, afirma Tatiana.

“Finalmente, hay algo que me gustaría aclarar: ésta no es una casa para tenerla dentro de un conjunto habitacional del Infonavit, es un modelo de vivienda para quien tiene su propio terreno, una parcela, y ahí se construye nuestra propuesta. En la Bienal de Chicago no pretendí exotizar la pobreza, ¿por qué lo haría? Es una vivienda sencilla pero digna, con un espacio muy agradable donde yo misma viviría, sino jamás la hubiera diseñado. Además, si hay otros arquitectos que pueden diseñar un prototipo mejor, ¡les propongo que lo hagan! México los necesita ahora”.

Fotos Enrique Macías, cortesía Tatiana Bilbao Estudio.
Modelos en madera: Rodolfo Díaz.

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Jessica Pacheco

About Jessica Pacheco

Jess Pacheco

Se define como periodista bonvivant, pues desde hace 17 años está dedicada a la búsqueda de las tendencias en ámbitos como moda, diseño, belleza, gastronomía, turismo y la escena de la alta sociedad mexicana.
Fue editora en jefe de la firma Club en el Periódico Reforma, así como de la sección Estilos en el Periódico El Universal. Los temas netamente femeninos aparecieron en su radar tras dirigir la revista Mujer Ejecutiva.
Actualmente es editora en jefe de los suplementos RSVP y Pleasures del Periódico Excélsior, de Grupo Imagen Multimedia, empresa en la que también desarrolló los proyectos televisivos RSVP y Weekend como jefa de información y conductora titular.
Obtuvo el Premio Nacional de Periodismo 2015 gracias a la co-conducción del programa Entre Mujeres La Entrevista, de Excélsior TV, al lado de Fabiola Guarneros y Yazmín Jalil.
Difícilmente la verás en la cocina o el gimnasio, prefiere las tardes con un buen café o una copa de vino.